Psicosomática

La psicosomática en el niño


En la última década se ha producido un interés apasionado por la psicopatología del bebé, tal como lo testimonia la explosión de trabajos sobre las competencias precocísimas de este.

La originalidad fundamental de estos trabajos consiste en haberse centrado sobre la interacción entre el niño y su madre. Elevada al rango de un objeto singular de la observación y de investigación, la psicopatología perinatal ha conducido hacia conocimientos insospechados sobre el joven bebé que, dotado de capacidades ya muy organizadas y una sensibilidad aguda, es apto para comunicarse por todos los canales sensoriales sin excepción y a provocar la comunicación.

Estos descubrimientos llevan a preguntarse sobre la relación entre los fenómenos observables y los mecanismos psíquicos que los determinan. Para intentar ligar esos dos niveles, León Kreisler y Cramer retoman la noción, ampliamente desarrollada por S.Lebovici, de interacción fantasmática. Esta noción pone en evidencia que no se pueden comprender las interacciones precoces más que incluyendo en la observación la vida mental de los protagonistas, el bebé y sus padres o aquellos que lo cuidan, en particular la madre, cuestión que incluye las capas más profundas del psiquismo de éstos. El bebé se encuentra por tanto muy precozmente conectado al mundo interno de su madre.

La clínica psicosomática del lactante extrae su conocimiento de dos orientaciones principales, unas pediátricas, y otras psicológicas y psicoanalíticas.

En el ámbito psicoanalítico, la psicosomática infantil ha sido abordada, inicialmente, mediante la reconstrucción del pasado de pacientes adultos en proceso de cura. Sin embargo los estudios contemporáneos permiten adentrarse en la observación directa del desorden psicosomático desde los primeros tiempos de la vida.

René Spitz fue uno de los iniciadores de la observación directa de la patología somática del lactante desde una perspectiva psicoanalítica.

Más adelante se genera, en un primer tiempo una colaboración transdisciplinar pediátrica, psicosomática y psicoanalítica que produce una observación conjunta promovida por L. Kreisler, M. Fain y M. Soulé en torno a trastornos funcionales.

En un segundo tiempo, dentro de la corriente de investigaciones del Instituto de Psicosomática de Paris, Leon Kreisler orientó sus trabajos hacia la patología de alto riesgo, tanto funcional como lesional, cuyos resultados han sido publicados en numerosas revistas y tratados especializados en psicopatología y psicosomática infantil.

Bajo la dirección de Gérard Szwec, que sucede a León Kreisler en su dirección, la Unidad de psicosomática del Hospital de Psicosomática Pierre Marty de Paris, enmarcado en la ASM 13, desarrolla actualmente una importante labor de investigación clínica, formación y difusión del conocimiento sobre psicosomática en el bebé y el niño.

La patología psicosomática designa los desórdenes orgánicos, lesionales ó funcionales, cuya génesis y evolución reconocen una participación psicológica prevalente, tal como queda recogido en el DSM-IV y en el capitulo 5 de la CIE-10 como factor F-54.

La nosografía médica agrupa los síntomas para codificarlos en síndromes y enfermedades. El conocimiento psicosomático los integra en el contexto relacional y mental del niño.

El estudio de sus desórdenes revela un amplio abanico de formas y gravedad, de las más serias a las más comunes, hasta las variaciones de la normalidad.

Para el lactante cuya organización mental esta inacabada, la instancia defensiva de su homeostasis está asegurada por la función materna, en un periodo en el que el funcionamiento interactivo asegura la gestión del equilibrio psicosomático. Las cualidades para una homeostasis psicosomática de buena calidad son la plenitud, la flexibilidad y la estabilidad.

La plenitud se refiere a toda la riqueza contenida en la interacción imaginaria y fantasmática. Consolida el apego con su carga afectiva, impulsa el desarrollo de la anticipación de los proyectos de la madre construidos para su bebé, vivido a la vez en su momento actual y su futuro.

La flexibilidad designa la permeabilidad de la adaptación mutua mediante movimientos temporales y espaciales que son infinitos; armonía rítmica, balanceo del niño en los brazos al paso de la marcha, cantos y modulaciones locales.

La estabilidad se funda ante todo con la permanencia de la relación con el objeto de investimiento - la madre o su sustituto - y, en esa relación, la coherencia de los cuidados maternales.

Coherencia y flexibilidad son inseparables para captar las necesidades de base fisiológica e instintual; captar e interpretar los comportamientos de competencia y responder mediante los contactos, las emisiones vocales, y gestos a los cuales el niño va a responder a su vez para establecer y entretener la cadena de las interacciones; proteger al niño, no sólo contra los riesgos exteriores, sino también respecto de las excitaciones nocivas derivadas del entorno. Éste rol de para-excitación es ejercido por la madre antes de que el psiquismo del bebé haya adquirido su funcionamiento protector autónomo.

Resulta pues de especial importancia proteger la salud emocional de la madre, del padre y de quienes se ocupan del bebé.

La investigación, sensibilización y promoción de la formación de especialistas capacitados para cuidar la salud del bebé y del niño afectado por trastornos psicosomáticos, son de gran importancia para ASMI.

 

Enlace de interés:
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